Un latido acelerado después de una emoción fuerte es normal. Unos “golpes” en el pecho tras un mal sueño, también. Lo que ya no es tan normal es que estas sensaciones aparezcan sin motivo, duren más de lo habitual o te hagan sentir que tu corazón “se desacomodó”.
Pero aquí viene la parte importante:
no todas las arritmias son peligrosas.
Algunas son solo travesuras eléctricas del corazón.
Otras, sin embargo, sí pueden poner en riesgo tu salud si pasan desapercibidas.
El objetivo de esta guía es que puedas entender tu corazón sin necesidad de ser cardiólogo. Te explicaremos con lenguaje claro qué arritmias son benignas, cuáles requieren atención y qué señales nunca debes ignorar.
El corazón es, en esencia, una bomba eléctrica.
Cada latido ocurre porque una pequeña corriente recorre el corazón siguiendo un orden muy preciso. Cuando esa corriente:
entonces aparece una arritmia, que no es otra cosa que un ritmo cardíaco distinto al habitual.
Esto puede provocar:
Algunas veces la causa es simple —cafeína, estrés o deshidratación— y otras puede deberse a un problema más profundo.
Nuestro objetivo es ayudarte a distinguir unas de otras.
Imagina que el corazón se adelanta a un latido sin que le toque.
Eso es una extrasístole auricular.
Se sienten como un “salto” en el pecho o un golpecito más fuerte. Suelen aparecer por:
Aunque son molestas, en la mayoría de los casos no representan riesgo.
Parecidas a las anteriores, pero nacen desde otra zona del corazón: los ventrículos.
Si aparecen de vez en cuando y no tienes enfermedad cardíaca, suelen ser benignas.
Este tipo de arritmia ocurre cuando el corazón late más rápido, pero por una razón entendible: ejercicio, fiebre, miedo, dolor, estrés.
El comportamiento eléctrico sigue siendo normal. El corazón solo está respondiendo a una demanda.
Si la causa desaparece, el ritmo vuelve a la calma.
A continuación encontrarás explicaciones claras y útiles para que puedas reconocerlas antes de que representen un riesgo.
En lugar de latir ordenadamente, las aurículas hacen un movimiento rápido y caótico, como si temblaran.
Este desorden puede provocar coágulos, que a su vez aumentan el riesgo de un accidente cerebrovascular (derrame).
Cómo se siente la fibrilación auricular:
Se trata de una arritmia que siempre amerita evaluación médica.
Esta arritmia empieza de forma abrupta. Estás tranquilo… y de pronto el corazón se acelera sin aviso previo.
Suele deberse a un “circuito” extra en la zona superior del corazón.
Señales típicas:
Aunque no es siempre mortal, sí puede comprometer el flujo de sangre si los episodios son prolongados.
Esta arritmia nace en los ventrículos —la parte que bombea sangre al resto del cuerpo— y cuando se acelera demasiado, el corazón pierde eficiencia.
La taquicardia ventricular puede evolucionar a fibrilación ventricular, una arritmia que provoca paro cardíaco.
Aquí no hay espacio para dudas: se trata de una emergencia real.
En este caso, el corazón deja prácticamente de bombear. Los ventrículos solo vibran, sin expulsar sangre. Es la causa más frecuente de muerte súbita.
La única forma de revertirla es con desfibrilación inmediata.
En un bloqueo avanzado, la señal que debe pasar de las aurículas a los ventrículos se interrumpe.
El resultado: latidos excesivamente lentos.
Síntomas:
En estos casos suele requerirse un marcapasos.
No todo latido irregular es una emergencia, pero sí existen síntomas que ameritan atención de inmediato:
Busca ayuda médica urgente si tienes:
Si los síntomas ocurren durante el ejercicio, la atención debe ser inmediata.
Aunque una arritmia pueda ser benigna en algunas personas, se vuelve más riesgosa cuando existe:
Si tienes uno o varios de estos factores, cualquier palpitación merece atención.
El cardiólogo utiliza estudios que permiten “capturar” el ritmo cardíaco en distintos momentos:
Cada estudio aporta una pieza del rompecabezas para determinar la causa, el riesgo y el tratamiento.
No todas las arritmias se tratan igual. Según el caso, el cardiólogo puede recomendar:
Para controlar el ritmo, prevenir coágulos o estabilizar la actividad eléctrica.
Una descarga eléctrica controlada que ayuda a “resetear” el ritmo del corazón.
Un procedimiento que elimina las zonas eléctricas defectuosas.
Es altamente efectivo en muchas arritmias.
Dispositivos que regulan el ritmo o actúan en caso de arritmias peligrosas.
Entonces… ¿cómo saber si tus palpitaciones son benignas o peligrosas?
No existe una fórmula universal, pero sí señales orientadoras:
Probablemente benignas si:
Potencialmente peligrosas si:
Cuando existe duda, lo más seguro siempre es consultar.
En los últimos años, los relojes inteligentes han dejado de ser simples dispositivos para contar pasos o registrar calorías. Hoy, muchos modelos incluyen sensores capaces de medir frecuencia cardiaca, detectar latidos irregulares y registrar ritmos que podrían sugerir una arritmia. Para un cardiólogo, estos datos no reemplazan un estudio formal, pero sí se han convertido en una herramienta de enorme valor para la prevención.
¿Por qué? Porque la mayoría de las arritmias no se presentan todo el tiempo.
Pueden aparecer de forma intermitente: unos segundos hoy, unos minutos mañana. En esos momentos, el paciente podría no sentir nada o podría no tener un estudio holter puesto. Ahí es donde los relojes inteligentes se vuelven aliados.
Lo que esta tecnología puede aportar:
No se trata de promover el consumo tecnológico por moda, sino de usar las herramientas disponibles para cuidar mejor de tu salud.
Para un cardiólogo, contar con el registro continuo de la frecuencia cardiaca puede brindar “pistas” valiosas, incluso antes de que el paciente note un síntoma.
No reemplaza una consulta, un ECG o un holter, pero sí mejora la oportunidad del diagnóstico y permite iniciar estudios más específicos de forma temprana.
En otras palabras: la tecnología, bien usada, puede darte tranquilidad y ayudar a salvar vidas.
Las arritmias no siempre anuncian peligro, pero tampoco deben ser ignoradas.
Unas son solo molestias pasajeras; otras pueden ser un aviso temprano de un problema mayor.
Aprender a distinguirlas te permite reaccionar a tiempo y tomar decisiones informadas sobre tu salud. Si algo no “suena bien” en tu pecho, escucha a tu cuerpo: un chequeo con cardiología puede prevenir complicaciones y darte tranquilidad.