Muchas personas asocian la salud visual únicamente con la capacidad de “ver bien” de lejos o de cerca. Si pueden leer letreros, usar el celular o manejar sin dificultad aparente, asumen que su vista está en buen estado. Sin embargo, la visión va mucho más allá de la nitidez.
Dolores de cabeza frecuentes, cansancio ocular, dificultad para enfocar o sensación de pesadez en los ojos pueden ser señales tempranas de que algo no está funcionando del todo bien, incluso cuando aparentemente “ves normal”. En muchos casos, estos síntomas aparecen de forma gradual y se normalizan, retrasando una revisión visual que podría prevenir molestias mayores.
Los dientes son una ventana silenciosa hacia lo que ocurre en tu cuerpo. A simple vista pareciera que su función se limita a masticar, permitiendo hablar con claridad o mantener una sonrisa agradable, pero en realidad son un reflejo directo de tu estado de salud general.
El diente es la estructura más resistente del cuerpo. Está diseñado para aguantar la fuerza de masticar, pero no siempre necesitas un golpe o un accidente grave para que se dañe. Existe un tipo de daño más discreto y traicionero: un desgaste microscópico que debilita el diente poco a poco. Hablamos de las microfisuras o grietas dentales.
Un latido acelerado después de una emoción fuerte es normal. Unos “golpes” en el pecho tras un mal sueño, también. Lo que ya no es tan normal es que estas sensaciones aparezcan sin motivo, duren más de lo habitual o te hagan sentir que tu corazón “se desacomodó”.
El dolor es una experiencia universal, pero no por eso debe ser normal.
Puede aparecer tras una lesión, una enfermedad o sin causa evidente, y aunque el cuerpo lo utiliza como un sistema de alarma, muchas veces esa señal se queda encendida más de lo necesario.
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